Un buen funcionamiento de la banda ancha móvil es muy importante

En realidad, los dispositivos que hacen uso de la banda ancha móvil aparecieron hace solamente dos años en el mercado, en 2008. Sin embargo, todas las operadoras con una cierta entidad empezaron inmediatamente a ofrecer paquetes para 3G que provocaron un incremento rápido del número de usuarios y el inicio de una guerra de precios.

Este rápido crecimiento se ha visto mermado a causa de la desilusión de los clientes al comprobar que la calidad de esa banda ancha no cubría sus expectativas. Las operadoras no han cumplido con las velocidades prometidas, y eso ha llevado a muchos suscriptores a regresar a la banda ancha fija, cuyo rendimiento está más que contrastado. Se podría decir que el 3G ha caído víctima de su propio éxito, ya que las propias operadoras fueron incapaces de anticipar la alta demanda que este servicio iba a tener, y no prepararon las redes de forma que pudieran absorber el tráfico de datos generado sin que la calidad general de la banda ancha se viera mermada.

La prioridad actual de las distintas compañías de telecomunicaciones europeas es la migración a infraestructuras Ethernet para resolver el problema de los cuellos de botella y asegurar el suficiente ancho de banda gracias a la alta capacidad que esta solución ofrece.

Todos los servicios de telecomunicaciones están expuestos a que se den alteraciones imprevistas en sus redes, pero en el caso de los servicios de voz apenas se produce molestia alguna para el usuario, mientras que el caso de la banda ancha móvil es completamente distinto, ya que cualquier variación no prevista puede provocar disfunciones que no se limitan a la simple interrupción de una llamada, sino que provocan pérdidas en ámbitos que van desde el correo electrónica a las descargas de vídeo pasando por las redes sociales, entre otros muchos.

Se busca combinar el control del rendimiento y la segmentación de fallos en la red con métodos de resistencia y protección, optimizando la disponibilidad de “backhaul móvil” para así proporcionar un servicio continuo a los usuarios finales que esté garantizado. La opción de invertir en una red Carrier Ethernet pone a disposición de las operadoras una estrategia a largo plazo junto con un bajo coste, y a su vez les permite mantener la fiabilidad “carrier class”.

El reto para las operadoras consiste en ofrecer una mayor capacidad y calidad de servicio a la vez que reducen los costes operativos asociados a la red, para lo que deberán optar por invertir en infraestructuras de nueva generación. Si consiguen hacer la elección correcta en cuanto a tecnología, comprobarán que pueden ofertar una banda ancha móvil de mayor calidad a la vez que aumentan su capacidad competitiva para mejorar su rentabilidad.