SmartPhones, el éxito de los teléfonos inteligentes

La popularidad de los smartphones crece de día en día, y las estimaciones para los próximos años son de tal calibre que es normal que pongan nerviosos a los fabricantes de estos dispositivos, a los desarrolladores de planes de negocio de los operadores o a los de software. Para 2010 se espera que las ventas alcancen los 500 millones de unidades, muy por encima de los 172 millones vendidos en 2009. Muchos expertos opinan que este tipo de terminales acabarán por desplazar al PC o a los ordenadores portátiles como método de acceso a la red.

Poco a poco los precios de las tarifas de datos se han ido haciendo más asequibles y a día de hoy tienen un peso similar a las tarifas de voz. No solo eso, sino que en el segmento de población entro los 18 y los 35 años se está observando un decrecimiento del número de llamadas y su duración en favor del uso de los SMS/MMS, el correo electrónico y la participación en las distintas redes sociales. La disponibilidad de tarifas planas de datos, es una de las explicaciones de esta tendencia.

Los precios de los teléfonos inteligentes también han experimentado un considerable descenso, poniéndolos al alcance de las clases medias. De hecho, incluso comprándolos libres, estos teléfonos pueden llegar a rondar los 200 € en sus modelos más básicos. Este factor, junto con el de las tarifas, es el motor del boom de estos terminales.

El término smartphone o teléfono inteligente se aplica por lo general cuando hablamos de un teléfono con una alta capacidad de procesamiento con el que podemos conectarnos o Internet o ejecutar programas de software diseñados para ellos. No obstante, es fundamental que sea el propio usuario el que sepa sacarle jugo a todas estas capacidades que los hacen superiores a los super-ordenadores de hace solo unas décadas. Un ejemplo reciente es el HTC Desire con sistema operativo Android, que tiene una potencia mayor que el Cray 1 del año 1979.

Sin embargo, si el usuario se limita a usar su smartphone para realizar llamadas, no le servirá de nada ni sacará partido de sus capacidades, tales como la búsqueda de datos por Internet, la participación en redes sociales, el uso del correo electrónico, la geolocalización y el acceso a información sobre puntos de interés cercanos, etc. Todo esto sin mencionar su uso para guardar información personal o de servicios en nube (cloud). En muchos casos, los usuarios más avanzados esperan realizar estas tareas de forma simultánea, exigiendo que los sistemas operativos permitan la multitarea o multitasking. No se trata tanto de decidir si uno u otro es mejor, sino de lograr una representación de los diferentes niveles tecnológicos dirigidos a distintos tipos de usuarios.

Hace apenas unos años solo había tres sistemas operativos en el mercado: Windows Mobile, Palm y BlackBerry. A día de hoy, la competencia se ha acrecentado y han surgido con gran fuerza el Android de Google, disponible en distintas versiones y modelos; el iOS de Apple, exclusivo de los dispositivos de esta casa; el Windows Phone de Microsoft; el WebOS de Palm, adquirido recientemente por HP; el Symbian de Nokia y el nuevo Symbian 3 diseñado para su modelos N8; el BlackBerry, en su versión 5 ó 6; el Maemo/MeeGo de Intel y Nokia; el S-Class de LG; e incluso del BrewOS de Qualcomm. Todos estos sistemas tienen sus propias peculiaridades y se dirigen a distintos tipos de público.

En cuanto al interfaz, las pantallas táctiles son sin duda las preferidas. De hecho, en casos como el de Android o Apple, no podríamos manejar el móvil si no tuviésemos pantalla táctil. Otros sistemas, como los de Nokia y BlackBerry, sí que permiten el manejo tanto desde el teclado como desde la pantalla, aunque en el caso del BlackBerry de RIM esto solo es posible desde el lanzamiento de la versión 6. Existen muchas pantallas distintas y su comportamiento depende tanto del hardware como del uso de tecnología resistiva o capacitiva, además de tener en cuenta la resolución. El gran éxito que están experimentando los teléfonos inteligentes reside en su capacidad de conectar al usuario con su entorno virtual desde prácticamente cualquier parte, sin que necesite ponerse frente a un ordenador.

Si embargo, este éxito está teniendo como efecto colateral la saturación de las redes móviles. Los dispositivos móviles utilizan el protocolo TCP/IP para acceder a Internet, pero negocian dicho acceso a través de las redes móviles, y para ello, además de los datos de la aplicación, hay que adjunta la identificación del dispositivo, su ubicación y otros parámetros que permiten que la estación base puede determinar la tarificación del flujo de datos. Si la cantidad de datos es pequeña, como en un SMS, no existe ningún problema, pero un solo vídeo de YouTube equivale al envío de miles de mensajes de texto. Por lo tanto, si hay gran cantidad de usuarios conectados, es posible llegar a la saturación de la propia red móvil.

Ante esta variedad de tecnologías, sistemas operativos e interfaces, es muy complicado elegir un triunfador claro, aunque viéndolo desde una perspectiva positiva, al haber tantos dispositivos distintos entre los que elegir, podemos encontrar casi sin lugar a dudas el smartphone que mejor se adapte a nuestros gustos o requerimientos. Las características que deben ser evaluadas con más detalle son las de tactilidad, tipo de pantalla, acabados o experiencia del usuario final. Este último parámetro es claramente subjetivo, pero hace referencia básicamente a la facilidad de manejo y la eficiencia con la que los dispositivos llevan a cabo las tareas que les son propias. Por ejemplo, algunos teléfonos nos permitirán, gracias a una buena integración de sus distintas aplicaciones, que compartamos una foto si tener que salir del programa de imágenes, mientras que en otros terminales esto no se puede hacer. Otro punto que es necesario valorar es el de la autonomía, ya que normalmente los fabricantes dan unas cifras que suelen estar por encima de los resultados que se obtienen en el uso normal del teléfono.